Una tendencia nacida en internet está encontrando escenarios reales en América Latina. El llamado aura farming, una expresión que mezcla códigos de videojuegos, humor digital y performance, ha pasado de los videos virales a encuentros presenciales en los que jóvenes compiten con bailes, poses, disfraces y movimientos pensados para conquistar la reacción del público.
En Lima, decenas de participantes se reunieron recientemente en la playa Las Sombrillas para una de estas “batallas de aura”. La dinámica no consiste en un enfrentamiento físico ni en intercambiar insultos: cada concursante busca destacar por su carisma, creatividad y presencia escénica. Los aplausos y gritos de los asistentes definen quién avanza.
El fenómeno, documentado por Associated Press, ilustra cómo ciertos lenguajes de las plataformas digitales están creando nuevos espacios de socialización juvenil. Lo que comenzó como una broma o un formato de contenido en redes se está transformando en una actividad colectiva, con reglas, organizadores y públicos reunidos en lugares abiertos.
De acumular puntos a “ganar aura”
El nombre de la tendencia toma como referencia la idea de “farmear” recursos o puntos en los videojuegos. En este caso, el premio no es virtual: se trata de obtener reconocimiento social y proyectar una actitud que los participantes asocian con seguridad, estilo o “buena vibra”.
Los competidores suelen recurrir a personajes de cómics, películas y cultura de internet. En la jornada realizada en Lima hubo participantes caracterizados con vestuarios llamativos, mientras la música electrónica acompañaba coreografías, acrobacias sencillas y gestos tomados de celebraciones deportivas o memes populares.
Fernando Lícito, creador de contenido peruano y organizador de encuentros de este tipo, explicó a AP que conoció el formato tras ver en junio un video de una competencia en Brasil. Desde entonces, ha organizado tres batallas en Perú. El modelo se apoya en una fórmula directa: intervención breve, respuesta del público y eliminación progresiva hasta definir a quienes generan mayor entusiasmo.
La expansión regional ha sido rápida. Según el reporte, las batallas ya se han realizado en Ciudad de México, Quito y Buenos Aires, donde hubo una reunión frente al Obelisco. La tendencia también ha cruzado el Atlántico, con actividades registradas en ciudades españolas como Madrid, Burgos y Zaragoza.
Una comunidad fuera de la pantalla
Más allá de la estética viral, el crecimiento del aura farming revela una búsqueda de espacios presenciales entre jóvenes que comparten referencias digitales. Para muchos participantes, el atractivo está en poder expresarse sin la distancia habitual de una pantalla y sin la presión de competir por seguidores o reproducciones.
María Paula Martínez, profesora de la Facultad de Artes de la Universidad de los Andes en Colombia, señaló a AP que la práctica gira alrededor de la validación colectiva de una energía positiva. Desde esa perspectiva, los encuentros convierten códigos individuales de internet en una experiencia grupal que favorece la interacción cara a cara.
El formato también permite que disfraces, música, baile y humor funcionen como un lenguaje común entre personas que no necesariamente se conocen. En vez de exigir una técnica profesional, las batallas premian la espontaneidad y la capacidad de conectar con quienes observan. Esa accesibilidad ayuda a explicar por qué el fenómeno ha encontrado terreno fértil en distintas ciudades de la región.
Permisos, escuelas y límites de una moda viral
La llegada de estas competencias a espacios públicos ha abierto, sin embargo, debates sobre su organización. En el distrito limeño de Miraflores, funcionarios cancelaron recientemente un evento porque los organizadores no contaban con los permisos necesarios para usar el espacio público.
También se han producido respuestas distintas en otros países. En julio, la alcaldía de Cuiabá, en Brasil, rechazó autorizar un torneo bajo el argumento de que no era de interés público, por lo que la actividad fue trasladada a un campus universitario. En Costa Rica, el Ministerio de Educación prohibió estas batallas en colegios públicos al considerar que podían generar conflictos entre estudiantes o interferir con las clases.
En México, en cambio, el ministro de Educación se sumó al lenguaje de la tendencia en un video difundido antes del inicio del año escolar. Las reacciones contrastantes muestran que el aura farming ya no es solo una ocurrencia de redes: se ha convertido en un fenómeno cultural que obliga a instituciones, escuelas y autoridades locales a decidir cómo relacionarse con nuevas formas de reunión juvenil.
Por ahora, la tendencia mantiene su impulso gracias a una combinación de performance, humor y comunidad. Su permanencia dependerá de si logra sostener ese paso de lo viral a lo presencial sin perder la espontaneidad que la hizo circular inicialmente.
